Para el nuevo ministro de Hacienda, es prioritario "aplicar reformas urgentes"
Nicolás Dujovne
Cuando aún no sabía que sería ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne postulaba que para que la economía arranque era necesario bajar el déficit, combatir el empleo en negro y "aplicar reformas urgentes"
En cuanto a pronósticos, en sus múltiples informes y
declaraciones, el nuevo funcionario estimó que la actividad
crecerá en un rango de entre 3,5% y 4%, y consideró que la
inflación podría ser inferior al 20%, aunque lo supeditó al
resultado de las paritarias salariales, para lo cual, dijo que es
necesario que los gremios "miren para adelante y no para atrás".
Estimó que el déficit fiscal primario se ubicará en torno al
4,8% que prevé el Gobierno, pero puso en dudas que se pueda bajar
ese nivel al 3,3% para el 2017, un año electoral.
"Lo que sospecho es que el Gobierno va a vender sus
participaciones accionarias en el Fondo de Garantías de la Anses y
vender las centrales termoeléctricas de Campana y Timbúes y con
eso generar ingresos vía privatizaciones por 2 puntos del PIB o
más, imputarlos arriba de la línea y cumplir las metas fiscales
con privatizaciones", dijo en julio pasado.
En una nota reciente, advirtió sobre la necesidad de bajar el
gasto público y consideró que si bien la "economía va a arrancar"
es imprescindible "aplicar reformas urgentes".
"La economía va a arrancar, aunque sea más tarde de lo
esperado. Pero con una situación social angustiante, la agenda de
reformas es urgente", alertó.
Señaló que "si el Gobierno lograra mantener el gasto congelado
en términos reales por los próximos cinco años y la economía
creciera 3% por año, el gasto en relación con el PBI bajaría de
45% a 39% en 2021".
"En el primer caso, la reducción en el gasto alcanzaría para
eliminar todo el déficit fiscal. En el segundo, para eliminar el
déficit, bajar las alícuotas de Ganancias, quitar el impuesto a
los débitos y créditos y bajar los impuestos al trabajo a la
mitad", detalló.
Sobre el nivel de inversión, manifestó su esperanza de que el
sector privado "invierta y prospere sobre la base de incentivos y
ya no por la combinación de subsidios y hostigamiento".
Consideró que el Gobierno "perdió la oportunidad" de tomar una
medida "revolucionaria", que era "hacer dos blanqueos a la vez: el
de activos no declarados de la clase alta y el de incorporar a la
economía blanca el empleo informal de los sectores más
desprotegidos".
Para Dujovne, "con los datos que conocemos no se pueden
explicar la magnitud de la baja del consumo ni el estancamiento
del tercer trimestre. La explicación se encuentra, tal vez, en
los datos que no conocemos. Y ello nos conduce a la economía
informal".
"El 35% de los trabajadores argentinos son empleados
informales. Su sueldo promedio es menos de la mitad que el que
reciben los empleados en blanco. En la economía informal el
desempleo es muy alto: de los 1,2 millones de desocupados que
relevó el Indec en el segundo trimestre, la gran mayoría
provenían de actividades informales", advirtió.
Y resaltó que "es inviable para un país, e injusto para
quienes lo sufren, que el 35% del empleo sea informal. Ello
ocurre porque tenemos impuestos, una justicia laboral y
regulaciones laborales inviables".
"La Argentina agrega además una justicia laboral que parece
diseñada para que las empresas cierren sus persianas y sus dueños
inviertan en Lebac", se quejó.
Por ese motivo, dijo que "el otro blanqueo que tiene que
encarar la Argentina es ése: incorporar a tres millones de
empleados en negro y a un millón de desempleados informales a la
economía blanca".
Consideró que el programa inicial del gobierno "debe ser
continuado por otro que defina la gestión ya no por la negativa,
sino por determinados objetivos concretos y por una descripción
metódica acerca de cómo serán alcanzados".
"La identidad de ese programa todavía está en construcción por
dos motivos: en algunas áreas, el Gobierno no tiene decidido
exactamente hacia dónde planea avanzar. Y en otros casos, las
ideas no han sido comunicadas adecuadamente".
También había considerado que en lo fiscal, el Gobierno se
debate entre tres objetivos en conflicto: bajar el déficit,
minimizar los impuestos distorsivos e incrementar el gasto en
infraestructura.
NA.







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