Miércoles, 15 de abril
Provinciales

Familia de Crucesitas Séptima atrapa víboras que salvan vidas

Por más de 50 años capturaron víboras para producir suero antiofídico en el Instituto Malbrán, y más tarde en un serpentario de Misiones.

A la primera víbora que atrapé con la mano, la estrangulé de tanto apretarla. Es que cuando las agarrás te da la sensación de que se te está yendo de las manos", contó a UNO Edgardo Pagnone, docente jubilado que vive, junto a su familia, en la zona rural de Crucesitas Séptima, en el Departamento Nogoyá. Tenía en ese entonces unos 25 años.
Fue en 1965 cuando don Edgardo comenzó a capturar yararás y víboras del coral que luego eran utilizadas para la elaboración de suero antiofídico. Primero, y por un gran lapso de tiempo, los animales fueron trasladados al instituto nacional de salud Doctor Carlos Malbrán hasta que la familia recibió una notificación en la que indicaban que no necesitaban más la ponzoña. Entonces los contactaron desde un serpentario de Roca Chica (Misiones) pero, por diversas cuestiones, este último destino también interrumpió la elaboración de suero antiofídico. La realidad es que hoy, de no aparecer una entidad que requiera las serpientes, el docente jubilado dejará libres las que ya tiene y no volverá a retenerlas con este altruista fin de colaborar para salvar vidas.
Es difícil llegar a la casa de los Pagnone. Se deben recorrer largos kilómetros de ripio, otros de tierra, caminos sinuosos, pocas viviendas, la mayoría de las familias dedicadas a la agricultura, ganadería y lechería. Los lugares de referencia son "una cremería abandonada", a lo lejos una capilla, un puentecito Bailey al costado de la ruta, "el tambo de los Met", una alcantarilla..., ni un cartel. Ya a los pocos kilómetros de tierra, con las calles achicándose por causa de la vegetación y rodeados de montes, se comienza a perder la noción de los puntos cardinales y por sobre todo la orientación.
La vivienda familiar queda detrás de la escuela Primaria Nº 26 Amelia Fernández de López, más conocida como la escuela de Pagnone, por el lugar y porque el hijo mayor de Edgardo, Adolfo, representa la tercera generación al mando de la institución educativa. Primero fue su abuela y el segundo director y docente fue su padre.
Cuentan que en tiempos lluviosos, como en los últimos días, prácticamente pasan aislados una semana o más, hasta que los caminos comienzan a ser transitables. Como muchas casas de campo, tienen huerta, recolectan miel de cardo o de monte, carnean animales, hacen dulces y distintos alimentos.
Al lado de la galería hay un piletón grande de cemento y, en un tacho bajo el fresco de los árboles hay dos yararás que Edgardo cazó hace dos meses en el fondo del campo.
Por ser una zona muy poco habitada y rodeada de montes, los lugareños conviven con estos reptiles. Muchos los matan, otros los acorralan y llaman a los Pagnone para que los busquen. "Nosotros no les sacamos la ponzoña. Solo las capturamos, las alimentamos con lauchas, les damos agua, las curamos con agua oxigenada y una crema cuando se lastiman y las cuidamos hasta tanto podemos enviarlas al serpentario", contó a UNO Pagnone.
Una vez allí, las víboras son mantenidas en cautiverio y se les hacen extracciones del veneno, hasta que vuelven a generarlo a los 20 días, aproximadamente.
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