Un jugador del Osasuna va al piso, soñando con sacársela a Messi, pero el rosarino ya está en otro lado. Un compañero lo copia, pero es imposible: Leo, pelota atada, ya giró y salió para el costado opuesto. Imposible no frustrarse con un genio así del lado de enfrente. Un elegido que, con el marcador cantando los 45' del complemento y después de haber hecho un gol y haberle servido otro a Suárez, arrea a cuatro hombres del equipo local y la pincha con sutileza ante la salida del arquero, como quien se levanta y va a comprar el diario a la mañana. Se repitió esa foto del Mundial, contra Bosnia, o aquella por Copa América, frente a Chile: no importa cuantos lo marquen, Leo siempre se sale con la suya.

Lo de Messi en Pamplona fue una cosa de locos y sigue adornando una temporada espectacular a nivel personal con el Barcelona.


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